Levantar alas como águilas...

1° Crónicas 17:1,2

16.09.2009 09:32

"Aconteció que morando David en su casa, dijo David al profeta Natán: he aquí yo habito en casa de cedro y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas". y Natán dijo a David: haz todo lo que está en tu corazón porque Dios está contigo. 1° Crónicas 17:1,2.
 
David amó a Dios intensamente y comenzó a sentirse muy incómodo porque mientras él vivía en un palacio muy lujoso, el Arca del Pacto, donde habitaba la presencia de Dios, se encontraba entre cortinas. Sería muy bueno que todos tuviéramos el corazón de David; pero, no siempre es así. Dios nos ha bendecido, vivimos en casas materiales muy cómodas y, sin embargo, nosotros mismos, considerados la casa del Señor, estamos muy contaminados. Vivimos agobiados por nuestros propios afanes y satisfaciendo nuestras propias necesidades; procuramos adornar la parte externa de nuestro ser comprando ropa de calidad o ingresando a los gimnasios para alcanzar una hermosa apariencia física. Sin embargo, nuestros ser interior, nuestra parte espiritual, donde habita el Dios Altísimo está "entre cortinas".

En aquel momento, en la vida de David, Él intentó construir un hermoso templo para Dios y el profeta Natán lo motivó para que lo hiciera. Pero los planes de Dios eran otros y la contrucción del templo estuvo, tiempo después, a cargo de Salomón. Hoy, la realidad es otra; el derramamiento de la sangre de Jesús en la cruz marca un nuevo pacto entre Dios y el hombre.

El Señor nos enseña que no debemos postergar la reedificación de la casa de Dios; cada día nuestro ser, nuestra casa para el Señor, debe ser reedificada para la gloria y honra de Dios. Debemos tener un corazón sensible, pendiente de las necesidades de los demás; cada día, cada uno de nosotros debe mostrar a Jesús por eso la Palabra de Dios dice: mas ya no vivo yo es Él quien vive en mi. Pidamos, en oración, al Espíritu Santo, que sea Él quien transforme nuestras vidas para que dejemos de vivir entre cortinas y que, por el contrario, seamos testimonio de las maravillas que un Dios vivo puede hacer en cada uno de nosotros.

Que el Señor los bendiga.

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Lilliana María Incera Villalta

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San José, Costa Rica

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